11 mar 2008

CADENA DE ORACIÓN POR LA SANACIÓN DE ESTRELLA

Así como nos unimos para darnos cariño y bendiciones mediante premios o comentarios, así también unámonos en oración por todos nuestros hermanos enfermos, especialmente hoy por Estrella. Que esta cadena de oración, que son las únicas que realmente funcionan (Cuando como comunidad nos unimos y le pedimos al Padre en nombre de Jesús) gane para nuestra hermana la salud de alma y cuerpo que necesita y para nosotros la satisfacción de hacer lo que es debido en el amor que nos ha salvado. Agregemos una oración, una canción, una palabra, para Estrella y ahora que reviso otros blogs, la intención (nombre) por nuestros otros enfermitos. Dios les guarde. Sus hermanos en Cristo de Koinonía en Línea.

“Todo les ayuda para bien a los que le aman” Rom. 8,28

ORACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS POR UN ENFERMO.

Dulcísimo Jesús, que dijisteis:

"Yo soy la Resurrección y la Vida", que recibiendo y llevando en Vos nuestras enfermedades, curabas las dolencias de cuantos se te acercaban; a Ti acudo para implorar de tu Divino Corazón a favor de los enfermos, suplicándote por intercesión de tu Santísima Madre, la bienaventurada siempre Virgen María, salud de los enfermos, quieras aliviar y sanar en la presente enfermedad a tu sierva y querida hermana nuestra: ESTRELLA, si es conveniente para su bien espiritual y el de mi alma.

Señor Jesús, que al funcionario real que te decía: "Venid, Señor, antes que mi hijo muera", le respondisteis: "Vete, tu hijo vive". Sánala, Señor.

Señor Jesús, que al ciego de Jericó, que sentado junto al camino te decía en alta voz: "Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí", le respondiste: "Recupera tu vista, tu fe te ha salvado", y al momento vio. Sánala, Señor.

Señor Jesús, que diciendo: "Quiero, sé limpio", limpiaste al leproso, que te decía suplicante: "Señor, si quieres puedes limpiarme". Sánala, Señor.

Señor Jesús, que librasteis al mudo poseído del demonio, hablando luego con admiración a las turbas el que antes era mudo. Sánala, Señor.

Señor Jesús, que sanaste al enfermo que llevaba treinta y ocho años de su enfermedad, junto a la piscina de las ovejas, diciéndole: "Levántate, toma tu camilla y anda" y anduvo. Sánala, Señor.

Señor Jesús, que delante del hijo muerto de la viuda de Naím, enternecido, dijiste a la madre: "No llores"; y tocando el féretro, añadiste: "Joven, a ti te digo, levántate"; entregándolo luego vivo a su madre. Sánala, Señor.

Señor Jesús, que dijisteis: "Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados". Sánala, Señor.

Señor Jesús, que dijisteis: "En verdad, en verdad te digo, que todo cuanto pidieras al Padre, en mi Nombre, os lo dará". Sánala, Señor.

Omnipotente y sempiterno Dios, eterna salud de los que creen, escúchanos en bien de tu siervas enferma, por quienes imploramos el auxilio de tu Misericordia; a fin de que recobrada la salud, te dé en tu Iglesia ferviente acción de gracias. Más no se haga nuestra voluntad, sino la tuya, que siempre es perfecta. Gracias desde ya por tu misericordia y amor para con todos nosotros. Toda esta súplica te la pedimos Padre en el Nombre de Jesucristo que es nuestro Señor, y a Jesús por medio de las manos de nuestra Santísima Madre. Así sea.

6 mar 2008

De las Cartas pascuales de San Atanasio, obispo

Leamos, reflexionemos y compartamos.

La celebración de la Pascua junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados

Habitualmente nos hallamos en medio de trabajos, fatigas y sinsabores; pero, en términos más absolutos, nos hallamos, a la postre, en espera siempre de la resurrección, en espera de la vida nueva. Y la mejor experiencia de la resurrección es crear hoy el ambiente capaz de amar. En el amor estamos siempre dispuestos a una muerte súbita o a una vida para siempre. En su meditación sobre la Pascua, San Atanasio quiere conducirnos, precisamente, a esa unidad de vida en el amor.

Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a otra, de una celebración a otra, de una solemnidad a otra. Ahora ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, la preparación de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado. Nosotros nos alimentamos, como de un rnanjar de vida, y deleitamos siempre nuestra alma con la sangre preciosa de Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos sedientos de esa sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras suyas: El que tenga sed que venga a mí y que beba.

No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no queda limitado a un tiempo determinado, ya que sus rayos esplendorosos no conocen ocaso, sino que está siempre a punto de iluminar las mentes que así lo desean. Goza de una virtualidad ininterrumpida para con aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche están atentos al libro sagrado, corno aquel hombre a quien el salmo proclama dichoso, cuando dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche.

Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos, que al principío instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada año; y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el mismo motivo, la celebración anual de este sagrado misterio. Esta fiesta nos sostiene en rnedio de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos coniunica la alegría de la salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, corno es de ley en esta fiesta. Esto es lo adrnirable de esta festividad: que él reúne para celebrarla a los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente separados.

28 feb 2008

¿Quién es el "discapacitado" aquí?

Y luego de verlo, nos preguntamos aquí en la casa. ¿Quién realmente tiene "discapacidades"?
Les invitamos a dejarnos sus reflexiones y experiencias en cuanto a este video.

"Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti". Salmo 32

Para disfrutarlo por completo, dale stop a la reproducción de la radio antes de activar el video, luego puedes volver a activar la radio.

26 feb 2008

"Premio Calidez"

En medio del fragor de la batalla electoral de la que están siendo protagonistas nuestros hermanos Españoles y de otros países, en el mismo que dentro de pocos días los Venezolanos estaremos (elegiones regionales: Gobernadores, Alcaldes y Consejales), nuestro querido amigo Martín desde su blog Alter Ego (el otro yo) nos hace llegar un nuevo premio, tan inesperado como el anterior.


Esta vez, se trata del "Premio Calidez"; y es un verdadero honor y una gran satisfacción recibirlo de su generosidad y cariño, de la cual estamos seguros somos afectos.


El "Premio Calidez", se otorga a aquellos blogueros, que independientemente de sus ideas políticas - religiosas, saben CONVIVIR y CONVERSAR. Para nosotros es una Bendición, y también una forma de correción fraterna para no dormirnos en nuestras comodidades, sino salir de ellas y echar las redes y para seguir alimentando a nuestra comunidad (virtual actualmente que son cada uno de ustedes), y aprender a vivir juntos esta Koinonía.


Al igual que los demás premios nos dan la oportunidad de bendecir a otros de la misma forma, en nuestro caso, pese a no conocer a muchos y tratando de conservar la premisa, premiaremos a:


Estos dos últimos nuevos conocidos.

21 feb 2008

Cuaresma tiempo de... Koinonía

La Cuaresma, tiempo de oración, ayuno y atención a los necesitados, ofrece a todo cristiano la posibilidad de prepararse a la Pascua haciendo un serio discernimiento de la propia vida, confrontándose de manera especial con la Palabra de Dios, que ilumina el itinerario cotidiano de los creyentes.
Viviendo la Cuaresma
Durante este tiempo especial de purificación, contamos con una serie de medios concretos que la Iglesia nos propone y que nos ayudan a vivir la dinámica cuaresmal. Ante todo, la vida de oración, condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, si el creyente ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia divina penetre su corazón y, a semejanza de Santa Maria, se abre la oración del Espíritu. cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38). Asimismo, también debemos intensificar la escucha y la meditación atenta a la Palabra de Dios, la asistencia frecuente al Sacramento de la Reconciliación y la Eucaristía, lo mismo la práctica del ayuno, según las posibilidades de cada uno. La mortificación y la renuncia en las circunstancias ordinarias de nuestra vida, también constituyen un medio concreto para vivir el espíritu de Cuaresma.

No se trata tanto de crear ocasiones extraordinarias, sino más bien, de saber ofrecer aquellas circunstancias cotidianas que nos son molestas, de aceptar con humildad, gozo y alegría, los distintos contratiempos que se nos presentan a diario. De la misma manera, el saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento. De entre las distintas prácticas cuaresmales que nos propone la Iglesia, la vivencia de la caridad ocupa un lugar especial. Así nos lo recuerda San León Magno:
«Estos días cuaresma les nos invitan de manera apremiante al ejercicio de la caridad; si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en si a las demás y cubre multitud de pecados».
Esta vivencia de la caridad debemos vivirla de manera especial con aquél a quien tenemos más cerca, en el ambiente concreto en el que nos movemos. Así, vamos construyendo en el otro
«El bien más precioso y efectivo, que es el de la coherencia con la propia vocación cristiana» Juan Pablo II.

Cómo vivir la Cuaresma?

  1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome. Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Éste es un muy buen momento del año para llevar a cabo una confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.


  2. Luchando por cambiar. Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.


  3. Haciendo sacrificios. La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa «hacer sagrado». Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.


  4. Amando al prójimo, especialmente a los más necesitados. Revisar las obras de misericorida corporales y espirituales puede ayuar a darnos una idea de cuan importante y unida a la vida de oración va la solidaridad y atención a los más débiles. Tiempo especial para revisar en el compendio de la doctrina de la Iglesia, aquellos caminos que podemos y debemos tomar para construir la civilización del amor: Igualdad, Fraternidad, Libertad.

Para terminar, y no menos importante, haciendo oración. Aprovecha estos días para orar especialmente de forma personal y comunitaria, para platicar con Dios, para pedirle por tí, por tu proceso personal de conversión y también por aquellos que no le conocen y se pierden día a día por nuestro desinterés y falta de atención. Por aquellos que sin conocerle le sirven en el más necesitado, por todos y cada uno de tus hermanos y familia. Por tu país... por el mundo.