15 feb. 2008

La Gloria para Cristo por siempre y para siempre



Señor, Dios Todopoderoso,
que has creado el cielo
y la tierra y el mar
y todo lo que en ellos hay:
¡Alabanza, honor y gloria
a tu Nombre por los siglos!

En Ti residen para siempre
la verdad, la santidad;
la gracia y la belleza.
El esplendor y la majestad
irradian tu trono,
fuerza y magnificencia
adornan tu santuario.

En tu palacio, todo proclama ¡Gloria!
Tú has hecho todas las cosas bellas...
Y ellas manifiestan
el esplendor de tu grandeza;
sus acentos armoniosos
resuenan en todo el Universo.

A la voz de tu trueno.
La Tierra se pone a temblar;
pero cuando el viento murmura
a través de las hojas,
cuando el manantial balbucea,
es como un reflejo de tu Gracia.

Y cuando los pájaros
hacen resonar sus cantos,
tan variados y melodiosos,
percibimos como un eco
de la música de tu voz.

Tú has hecho nacer en nuestros corazones
el deseo de celebrarte.
Tú te complaces con nuestras alabanzas
y aceptas nuestros cantos.

Tú has hecho la música
como un medio privilegiado
para expresar nuestros sentimientos.

¡Gracias por este regalo!

Queremos utilizarlo
para cantar tus alabanzas
y para revelarte
a los que viven sin esperanza.

¡Gracias por todos los salmos,
los himnos y los cánticos
compuestos por los que nos han precedido
y por nuestros contemporáneos!

¡Gracias por los dones musicales
que has dado a tu Iglesia!

Concédenos, en tu amor,
utilizarlos para tu Gloria.

Desde aquí abajo, Señor,
queremos unir nuestras alabanzas
a aquellas que hacen resonar
el coro de miles de ángeles
que te celebran en el cielo,
esperando el día glorioso
en el que entonaremos
el cántico nuevo,
en compañía de los redimidos
de todos los tiempos y lugares
reunidos delante de Ti ¡Amén!

El video es en recuerdo de nuestro amado amigo Padre Orencio Rodríguez, quien con su vida y testimonio nos sigue diciendo: "Adelante". Un saludo de tus hijos Venezolanos Cesar y Laura Nava, y en memoria de mi Padre Espiritual Tomás González “Tomasito”, compositor Católico y Siervo de Dios y de María Santísima. Hoy ya le canta cara a cara, y goza de lo que tanto anheló: la presencia de nuestro Señor.