14 mar. 2013

Liderazgo: a la manera de Cristo

Querid@s herman@s!

Hoy nos unimos a la Iglesia Universal para celebrar el ¡Habemus Papam! De forma especial porque se nos ha dado el regalo de un Papa Latinoaméricano, ¡nuestra alegría no podía ser mayor! Al mismo tiempo la responsabilidad que todos los católicos de Latinoamérica tendremos ahora de vivir coherentemente nuestra fe con mayor intencionalidad y esfuerzo para apoyar con nuestra oración y vida al Sumo Pontifice.

Precisamente, viendo y leyendo sobre las características personales de quien ahora llamaremos Francisco I, viene a mi mente la urgida comparación entre el liderazgo y el liderazgo cristiano. Mientras en mi país vivimos una suerte de desgobierno con secuestro de poderes e ilegalidad; donde un lider fallecido sigue siendo utilizado para mantener una ideología que muchos deseamos desaparezca, ciertamente sin negar sus aportes o huellas positivas (que al final fueron opacadas y limitadas por lo negativo), se nos presenta un líder cristiano que nace desde la autenticidad de la defensa a la vida y a los derechos humanos desde el pensamiento cristiano y la perspectiva de la fe. Caracterizado por la humildad, la acertividad, la oración y la compasión.

El socialismo y el comunismo siempre serán atractivos en las comunidades donde la justicia social no llega o es una utopía, mi pregunta es: ¿puede o no la democracia NO capitalista, participativa y sustentanda por una fuerte moral cristiana restaurar una sociedad donde todos tengan un espacio, sean libres, prósperos y felices? Si la respuesta es no, seguirá siendo el socialismo y el comunismo caldos de cultivo para propuestas atrayentes, carismáticas, enceguecedoras que al final se diluyen entre la pobreza, el odio, el resentimiento, la división y el atraso.

Lo contrario a todo esto, el nuevo Pontífice, quien varias veces levantó su voz conta el aborto, el matrimonio homosexual y otras propuestas de ley contrarias a la vida y al evangelio que discutía el gobierno argentino.

Creo que nos toca a nosotros dejar de ser ninis (ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario), tomar la bandera de la fe y la moral cristiana y construir en los espacios que hemos sido sembrados con nuestro testimonio y vida la civilización del amor, esa que Jesús vino a anunciar y que comenzó a construir con su pasión, muerte y resurrección. Estamos dispuestos? Moriremos a nuestros intereses para adoptar como regla de vida el Evangelio de Cristo que ama a los pobres y les da herramientas para superar la pobresa espiritual y mental? Seremos instrumentos de su paz?

San Francisco de Asis, ayúdanos a reconstruir la Iglesia de Cristo y al mundo con pasión, perdón, servicio y amor. Amén.