Desde este pequeño lugar en la inmensa red les decimos:
La Koinonía es una palabra griega que significa comunión. Se refiere a un tipo de relación humana en la que cada cual toma a los otros como fines en sí y no como medios para obtener algo, pretendiendo siempre su plenificación, su crecimiento. Con él, no sólo crece la persona a la cual permitimos crecer sino que también lo hacemos nosotros.
11 nov 2012
FELIZ DÍA DEL ABRAZO EN FAMILIA 2012
Desde este pequeño lugar en la inmensa red les decimos:
6 nov 2012
¿Qué mueve y alienta nuestra fe?
No me mueve mi Dios, para quererteel cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tu me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme en fin, tu amor de tal manera
que aunque no hubiese cielo yo te amara
y aunque no hubiese infierno te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
porque aunque cuanto espero no esperara
lo mismo que te quiero te quisiera.
(Soneto adjudicado a San Francisco de Asís)
He estado leyendo, opiniones muy diferentes acerca de la fe, precisamente en virtud de que la Iglesia Católica propone este año como "El año de la Fe". Si hablamos de la fe o preguntamos ¿Qué es la fe?, tendremos muchas respuestas inclusive algunas que según nuestro criterio no necesariamente responde la pregunta incial. Si nos vamos al Catesismo de la Iglesia Católica, nos encontramos con la explicación "doctrinal" de lo que es la fe, lo que significa y los 2 elementos o dimensiones de la fe, a saber:
Fides qua: indica el acto mismo con que el creyente, bajo la acción de la gracia, confía en Dios que se revela y asume el contenido de la revelación como verdadero.
Fides quae: indica el contenido de la fe que es aceptado por el creyente, las diversas verdades de fe que son acogidas o creídas como una sola cosa, en un solo acto.
Según R. Fisichella: "no hay separación entre fides qua y fides quae; en efecto, los dos términos quieren especificar los diversos momentos de un acto único. Al creer, la persona acepta un contenido que la compromete; por tanto, la fides qua no abstrae de la fides quae, sino que está determinada por ella. La fides quae, a su vez, remite a la fides qua como al acto fundamental mediante el cual el creyente, en su libertad, acepta fiarse plenamente de la revelación de Dios".
La fe es por tanto un don, que se nos da por gracia (gratuitamente, sin pedirlo, quererlo o esprarlo) y que a debe alimentarse, manteniendo a su vez (el creyente) apertura a lo que "se ha comprometido" creer.
Yo me pregunto, si es un regalo que me ha sido dado, y ha sido alimentado, fortalecido por la educación o formación espiritual en mi hogar, o en la escuela... O en cualquier otro lugar donde, bendito Dios, se me haya dado la oportunidad a la edad o el momento igual o diferente a otros; y si, como dice el catesismo desde mi libertad como persona humana he aceptado juntamente con la fe creer a su vez en "la revelación de Dios", que puedo leer o interpretar como Jesucristo: Dios hecho hombre, "Dios que se muéstra, se revela, a la humanidad" de forma física y como Verbo; como PALABRA VIVA. Dios que se revela en "un pedazo de pan y en una copa de vino", que se muéstra en una "Cruz, aparentemente derrotado, como sígno y símbolo de VICTORIA". Que a su vez se manifiesta de forma poderosa como Espíritu que fortalece, sana, conduce, dirije, corrije... A la Iglesia (comunidad cristiana) y a los cristianos (persona individual)... ¿Por qué carambas seguimos buscando "rellenar" con cosas que nada tienen que ver con la fe?
Decimos: "Yo le tengo muuucha fe a ese médico, porque salvó a fulanito". "Yo le tengo muuucha fe a la señora tal, que lee las cartas y lo dice todo". "Yo le tengo muuucha fe a tal medicamento"... "Yo le tengo fe a mi marido, ese es un santo"... "Yo tengo fe en este gobierno que nos sacará de abajo"... Yo tengo fe en mi, todo lo puedo, todo lo que quiero lo consigo si me lo propongo"... ¿De qué fe estamos hablando?
Lo que se nos pide este año es profundizar en el conocimiento del Dios que se nos revela día a día.Se nos reveló en el pasado y seguirá revelandose (mostrándose) hasta el final de los tiempos: "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre... Alfa y Omega, principio y fin... Se nos pide "revisar" en quién hemos puesto nuestra fe, que insisto, no va en cuanto a "la confianza" que le tenemos a tal o a cual cosa, algunas de ellas, que directamente difieren de "la fe en Dios y en su reveleación, en su palabra" como por ejemplo las prácticas supersticiosas.
La fe, debe llevarnos a comprender (y no hablo de religión, porque ahora está de moda decir que los católicos no tenemos espiritualidad sino religión... Una incoherencia y estupidez total, pero eso es otro tema) que hemos recibido una gracia, un regalo que es inherente a nuestra condición humana: Cuerpo, mente (alma) y espíritu... Que hemos sido hechos a su imagen y semejanza: "Nos has creado para Ti, y nuestro corazón no descansará hasta que descanse en Ti". San Agustín de Hipona. Que hemos salido de sus entrañas y no hayaremos llenura hasta no volver a él, porque es donde pertenecemos. Por eso nada en esta vida, nada puede llenarnos total y plenamente. Aquello que a él le agrada es lo que va llenando nuestra existencia, desde el amor compartido y desde el dolor.
La fe implica sufrimiento, individual y compartido: "Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación. Si somos atribulados, lo somos para consuelo y salvación vuestra; si somos consolados, lo somos para el consuelo vuestro, que os hace soportar con paciencia los mismos sufrimientos que también nosotros soportamos. Es firme nuestra esperanza respecto de vosotros; pues sabemos que, como sois solidarios con nosotros en los sufrimientos, así lo seréis también en la consolación". 2 Co. 1, 5-7
Y he aquí lo que más "cuesta de la fe": El creer en un Dios que todo lo puede, pero...
- Nos falta el dinero, o tenemos el techo lleno de huecos y todas las cosas que se derivan del hecho de no contar con un buen ingreso económico (para no entrar en detalles).
- Oramos, oramos y oramos y mi madre, una mujer buenísima, fiel a Dios, legionaria, sigue enfermita, un día regular, un día nada regular, un día mal, y por alláaaaaaaaa, un día bien.
- No nos quieren en ninguna parte (jajajaja) lamentablemente, creamos sin querer una mala fama de "exigentes en cuanto a las cosas de Dios" (exigentes, no intransigentes) y hasta ahí. Si los hermanos que hace más de 10 años nos hicieron la campaña de descrédito en la Iglesia local (y en otras partes a nivel nacional también) le hubiesen hecho la campaña electoral al candidato opositor en Venezuela (pasadas elecciones) hubiese ganado. Fue mayor la credibilidad en sus mentiras, que la obra, los buenos frutos resultados en el servicio dado a Dios por más de 20.
- No tenemos hijos: Después de tantos tratamientos (y vienen más, aunque yo estoy en negación), de una operación traumática, de las quimioterápias...
- Que hoy en día, sigamos cayendo mal porque seguimos siendo exigentes, y a su vez buscamos servirle a Dios con excelencia. Buscamos y nos esforzamos para que nuestros estudiantes le amen, sean buenos, sean excelentes ciudadanos, mantenga la alegría, no sean viciosos... Que la única forma de trabajar con nosotros (especialmente conmigo) es a la mala "no se la deje montar encima, manténgala en su sitio, no la deje opinar y si opina, así tenga la razón y lo que dice es lo mejor, dígale que no, que ya hay otras ideas mejores... Sométala, que haga lo que usted dice, aunque usted no sepa nada de lo que debe hacerse y ella si...
En fin, puedo hacer una lista bien larga, esto supone ¡que pierda o aumente mi fe? ¿Que elija otra religión, otra creencia, o simplemente "invente" una propia en la que me sienta "cómoda" donde nadie me cuestione o me moleste? Según San Pablo, eso es simplemente absurdo: (...) En él vivimos, nos movemos, existimos... Hch. 17,28. Al mismo tiempo que la condición sine qua non de la fe es: "La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Heb. 11,1
¡Alabado sea Jesucristo!
Nota: Debo decir, que lo que Cesar y yo escribimos en este blog nace, se realiza y sale del estudio, la oración y la vivencia diaria. No somos teólogos o filósofos afamados, ni somos Doctores en la fe, simplemente, al igual que muchos de los que leen estas línas, somos creyentes comprometidos en conocerle más, amarle más, servirle más, con calidad, caridad, compasión y justicia. Intentamos evangelizar a través de estas "reflexiones compartidas, jamás pensando que son la "suma teológica" ni Palabra de Dios que se debe seguir y creer tal cual, pero si con bases y fundamentos en la Palabra de Dios y la tradición que hemos decidido libremente creer y profesar.
Hago esta acotación, en sentido humilde, ya que no pretendo eregirme por encima de nadie. Simple y libremente, les comparto un pedacito de nuestra espiritualidad. Como bien lo explica el nombre de nuestro blog Koinonía. Por ello, sus comentarios, recomendaciones y posiciones también son importantes en nuestro crecimiento.
30 abr 2011
Juan Pablo II
Juan Pablo II (latín: Ioannes Paulus PP. II), Karol Józef Wojtyła [ˈkaɾɔl ˈjuzɛf vɔiˈtɨwa] (n. Wadowice, Polonia; 18 de mayo de 1920 – † Ciudad del Vaticano; 2 de abril de 2005), fue el 264.º papa de la Iglesia católica y jefe de estado de la Ciudad del Vaticano de 1978 a 2005. Anteriormente, había sido Obispo auxiliar (desde 1958) y Arzobispo de Cracovia (desde 1962).1 Fue el primer papa polaco en la historia, y uno de los pocos en los últimos siglos que no nacieron en Italia. Su pontificado de 26 años ha sido el tercero más largo en la historia de la Iglesia católica, después del de San Pedro (se cree que entre 34 y 37 años) y el de Pío IX (31 años).
Juan Pablo II ha sido aclamado como uno de los líderes más influyentes del siglo XX, recordándoselo especialmente por ser uno de los principales símbolos del anticomunismo y por su lucha contra la expansión del marxismo por lugares como Iberoamérica, donde combatió enérgicamente al movimiento conocido como la teología de la liberación, con la ayuda de su mano derecha, a la postre sucesor, Joseph Ratzinger.
Jugó asimismo un papel decisivo para poner fin al comunismo en su Polonia natal y, finalmente, a todos los de Europa, así como para la mejora significativa de las relaciones de la Iglesia católica con el judaísmo, el islam, la Iglesia ortodoxa oriental, y la Comunión Anglicana.
De entre los hechos más notorios de su pontificado destaca el intento de asesinato que sufrió el 13 de mayo de 1981, mientras saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro, a manos de Mehmet Ali Agca, quien le disparó a escasa distancia desde la multitud. Tiempo después el terrorista fue perdonado públicamente por el pontífice en persona.
Fue uno de los líderes mundiales más viajeros de la historia, visitando 129 países durante su pontificado, hablando además los idiomas siguientes: italiano, francés, alemán, inglés, español, portugués, ucraniano, ruso, croata, el esperanto, griego antiguo y latín, así como su natal polaco. Como parte de su especial énfasis en la llamada universal a la santidad, beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos, más que la cifra combinada de sus predecesores en los últimos cinco siglos. El 19 de diciembre de 2009, Juan Pablo II fue proclamado Venerable por su sucesor papal, el papa Benedicto XVI, por quien será también beatificado el 1 de mayo de 2011.
El 13 de mayo de 2005, el Cardenal Camillo Ruini, Vicario para la ciudad de Roma, dio formalmente por iniciado el proceso de beatificación de Juan Pablo II; para ello, Benedicto XVI concedió el 28 de abril dispensa del plazo de cinco años de espera después de la muerte requerido por el derecho canónico para iniciar el proceso de beatificación, de modo similar a como hizo el mismo Juan Pablo II con el proceso de beatificación de la Madre Teresa de Calcuta.
El 2 de abril de 2007, dos años después de su muerte, concluyó la fase diocesana del proceso de beatificación, reuniéndose todos los testimonios sobre su vida y los presuntos milagros, entre los que destaca el de la monja francesa Marie Simon Pierre, quien aseguró haber sido curada de la enfermedad de Parkinson gracias a la intercesión del Pontífice, que había fallecido dos meses antes.
En una misa que se celebró en la Plaza de San Pedro el mismo día, el Papa Benedicto XVI aseguró que el proceso avanza "con rapidez".21 En tal fecha, finalizada la primera fase de su proceso de canonización, le fue concedido el título de Siervo de Dios.22
El 19 de diciembre de 2009, Benedicto XVI lo declaró Venerable. Un milagro atribuido a su intercesión fue analizado y considerado inexplicable según la ciencia, por lo que tras diversas reuniones el Papa Benedicto XVI autorizó la beatificación de Juan Pablo II en enero de 2011.23 24 25 La ceremonia de beatificación está programada para el 1 de mayo de 2011.26
A principio de 2011, P. Federico Lombardi, Portavoz de la Casa Pontificia, anunció la fecha de la beatificación27 y el traslado de sus restos mortales, que hasta entonces se encontraban en la cripta vaticana, hasta la capilla de San Sebastián de la Basílica de San Pedro, contigua a la de La Piedad de Miguel Ángel, en donde podrá ser venerado con culto público por fieles y peregrinos, de manera similar como se hizo con Juan XXIII, preparando la capilla para allí ser expuesto, cubriendo su cara con una máscara dejando el resto del cuerpo perfectamente visible, con vestiduras pontificias[cita requerida].
Este proceso de beatificación ha sido catalogado como el más corto de la historia moderna de la Iglesia Católica, ya que duró seis años y 30 días, superando en un mes el proceso de beatificación de Teresa de Calcuta.28 A pesar de ello, y según las declaraciones de Lombardi, el proceso se han hecho de manera minuciosa, con completos estudios sobre el milagro de la curación de Sor Marie Simon, así como al resto de su vida, declarando según el decreto papal a Juan Pablo II como digno de veneración por un sacerdocio limpio e intachable y una vida ejemplar y digna de admiración cristiana, nunca involucrado con los abusos cometidos por el Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo, principal obstáculo durante este proceso, que, como es habitual, proseguirá hasta, si se cree oportuno, la canonización del pontífice.
Alabado sea Jesucristo, Aleluya, Aleluya, Aleluya.
21 abr 2011

Sentido del Triduo Pascual
La segunda parte de la Semana Santa está constituida por el Triduo Pascual, que conmemora, paso a paso, los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, desarrollados en tres días. El triduo surge como celebración de la fiesta grande de la Pascua, a partir de su vigilia, e incluye la totalidad del misterio pascual. Recordemos que la celebración anual de la Pascua es del siglo II.
El triduo estaba formado originariamente por el Viernes y el Sábado santos como días de ayuno, lectura de la pasión y vigilia, junto al Domingo de Resurrección. Posteriormente, entre los siglos III y VIII se añadió el Jueves, que en realidad era el último día de cuaresma y tiempo para preparar el triduo. Estos tres días santos son culminación celebrativa de todo el año litúrgico, retiro espiritual de los creyentes en comunidad y momento principal de decisiones cristianas. Entendido el triduo como un tiempo vital comunitario, debe ser preparado con antelación. Mejor dicho, la Cuaresma es en realidad un retiro de cuarenta días de preparación a la celebración de la Pascua. Recordemos que las celebraciones pascuales no sólo son venerables por su antigüedad (siglo II), sino también porque se centran en el núcleo básico del cristianismo. Son casi seguidas, tienen amplitud, están relacionadas entre sí y manifiestan el sentido de la vida cristiana en comunidad.
En la Pascua celebramos el memorial de la liberación salvadora (tránsito de Jesucristo de la muerte a la vida), mediante el cual recordamos el pasado, confesamos la presencia de Dios en el presente y anticipamos el futuro. En estricto rigor, la Pascua de Cristo es el paso «de este mundo al Padre» (Jn 13,1). Toda la vida de Cristo es una Pascua: «Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre» (Jn 16,28). Jesús se encarna en el mundo sin perder su condición divina. El retorno al Padre, a través de la resurrección, constituye un abandono de la existencia en la carne para entrar en una nueva existencia en el Espíritu. Esto es, en definitiva, la liberación radical, que es pascual. Por consiguiente, la Pascua implica un proceso de transformación social y de cambio personal. Es proceso de liberación de toda servidumbre y opresión.
La Pascua, o Triduo Pascual, es algo más que un mero recuerdo psicológico de los últimos días de Jesús o un aniversario de su muerte; es la celebración cristiana -sacramental y comunitaria- de la esencia del cristianismo (persona, acciones y palabras de Cristo en su tránsito); la asamblea más importante de las reuniones cristianas; la conexión de nuestro tiempo con el suceso pascual liberador; el redescubrimiento (siempre dominical y especialmente anual) de la identidad cristiana, del ser y misión de la Iglesia en el mundo.
En definitiva, este «memorial» pascual es memoria subversiva, ya que Cristo subvierte los falsos valores que circulan en la sociedad -sobre todo, la que idolatra el poder, las armas y el dinero-, creando una alianza, un corazón y un pueblo nuevos. Es compromiso actual desde la raíz de la justicia del reino, causa por la que murió Cristo para la salvación de todos; esta justicia es radicalmente distinta de la que, desgraciadamente, tiene vigencia en el mundo. Es esperanza de vida plena, de amor total y de verdad completa, basados en el triunfo de Cristo sobre los «infiernos» de la naturaleza humana, sobre el pecado como muerte y sobre los ídolos de este mundo.
El Triduo Pascual comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor del Jueves Santo, día de reconciliación, memoria de la eucaristía y pórtico de la pasión. Se celebra lo que Jesús vivió en la cena de despedida: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de esta copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que él vuelva» (1 Cor 11,26). En uno de los tres días anteriores al jueves puede celebrarse comunitariamente la penitencia. Después de una introducción al sentido de la reconciliación previa al triduo, se canta algo apropiado y se hace oración. Dos o tres lecturas bíblicas ayudan a tomar conciencia mediante un examen concreto comunitario, hecho eventualmente entre varias personas, según el tema elegido para la revisión. Se puede introducir un gesto penitencial, como es el encendido o apagado de algunas velas, la quema de papeles en un brasero, romper una vasija de barro, etc. Si la comunidad es grande -y en tanto sea posible-, se divide en grupos para tomar conciencia de los pecados. Luego se pide perdón por medio de unas peticiones preparadas; si es posible, se hace también de manera espontánea y se invita a la reconciliación con un silencio prolongado. Después, individual o comunitariamente, se da la absolución. El abrazo de paz y un canto sellan el final.
Hasta el siglo VII, el Jueves Santo fue día de reconciliación de pecadores públicos, sin vestigios de eucaristía vespertina. A partir del siglo VII se introducen en este día dos eucaristías: la matutina, para consagrar los óleos (necesarios en la vigilia), y la vespertina, conmemoración de la cena del Señor. Todo el misterio del Jueves Santo y del Triduo Pascual se contiene en estas palabras de Juan (13,1): «Era antes de pascua (judía). Sabía Jesús que había llegado para él la hora de pasar de este mundo al Padre (Pascua de Cristo); había amado a los suyos (entrega, Jueves Santo) que vivían en medio del mundo y los amó hasta el extremo (muerte, Viernes Santo). Estaban cenando (eucaristía, pascua cristiana)»... En la eucaristía del Jueves Santo, la Iglesia revive la última cena de despedida de Jesús y celebra la caridad fraterna por medio de dos gestos: uno, testimonial (el lavatorio); el otro, sacramental (la eucaristía). Con la misa vespertina del jueves comienza actualmente el triduo. Por eso se afirma que el Jueves Santo es «conmemoración de la cena del Señor». Todas las lecturas de este día evocan la entrega de Jesús, que cumple con el viejo rito de la antigua pascua (la lectura), ofrece su cuerpo en lugar del cordero (2ª lectura) y proclama el mandamiento del servicio (evangelio). Pero, al mismo tiempo, Jesús es entregado por Judas y abandonado por los demás discípulos.
Actualmente, al haber declarado Caritas el Jueves Santo como «día del amor fraterno», tanto la institución de la eucaristía como la del sacerdocio han pasado, por así decirlo, a un segundo plano. Sólo quienes participan en los oficios litúrgicos se dan cuenta del misterio que entraña este día.
La celebración vespertina exige una preparación de la capilla o iglesia. Conviene dar un realce especial a la mesa, que, a ser posible, debería ser grande y estar bellamente adornada. El monumento puede hacerse en una mesa sencilla, con vajilla adecuada, de tipo rústico. Se sitúan en el centro del presbiterio los utensilios necesarios para el lavatorio: jarra con agua, jofaina y toalla. Cabe empezar esta celebración fuera, en un patio -si es posible-, con una preparación especial para disponernos a comenzar. Entramos cantando. Transcurre la celebración según el ritual oficial. Después de la primera lectura (Ex 12) se prepara con cierta solemnidad la mesa. Un símbolo importante del Jueves Santo es el lavatorio de los pies, en el que sería bueno que participara el mayor número posible de fieles, y que se hiciera en silencio. Un canto de caridad puede preceder o seguir a este gesto. Después podemos darnos la paz. Se hace una catequesis adaptada a los niños presentes, sobre el sentido del lavatorio en el que participan. En general, puede oírse en estos momentos música clásica, polifonía o canto gregoriano. Ciertamente, el lavatorio de los pies es un gesto extraño a nuestra cultura, pero ha sido transmitido por los oficios de este día y significa un servicio que exige y requiere humildad. El «monumento» podría situarse en un sitio apropiado del templo, donde se celebrará la «hora santa» Termina el jueves con una oración prolongada personal en silencio.
La hora santa puede hacerse, bien el Jueves Santo por la noche, bien el Viernes por la mañana. Se preparan textos bíblicos, cantos o música para ser oída, fragmentos religiosos literarios, noticias sucintas del mundo, oraciones de petición o de acción de gracias y breves revisiones personales de vida. Recuérdese que el lenguaje religioso o litúrgico es en forma directa, dirigido a Dios. Como texto bíblico, puede utilizarse el discurso de despedida de Juan (caps. 13-17), las «siete palabras» o el itinerario del «via crucis». La experiencia nos dice que esta oración personal es una de las más importantes del año. Podemos contar también con la oración oficial de las Horas.
El Viernes se centra en el misterio de la cruz, instrumento de suplicio y de muerte (madero), pero sinónimo de redención (árbol). En el hecho de la cruz se refleja el sufrimiento de Cristo, como el amor que se anonada, y el juicio de Dios, junto al pecado de la humanidad, presente en el anonadamiento de Jesús por Dios. Este día, denominado antiguamente al modo judío parasceve (preparación), es hoy «celebración de la Pasión del Señor». Conmemoramos la victoria sobre el pecado y la muerte. Jesús murió el 14 de Nisán judío, que aquel año fue viernes. La Iglesia decidió conmemorar la muerte de Cristo en viernes, y su resurrección en domingo. La actual celebración del Viernes Santo responde a la antigua liturgia cristiana de la palabra, tal como la describe Justino hacia el año 150: proclamación de la palabra de Dios, seguida de aclamaciones, oración de la asamblea por las intenciones de la comunidad y bendición de despedida. La liturgia de la palabra, sin eucaristía, era común en Roma los miércoles y viernes, a la hora de nona, hasta el siglo Vl. En el Viernes Santo se celebraba, desde el siglo IV, un oficio de la palabra propio del día, con los elementos actuales: lecturas, oraciones solemnes, adoración de la cruz y comunión.
La actual celebración del Viernes Santo es austera: gira en torno a la inmolación del Señor. Se introduce la celebración mediante una catequesis apropiada sobre el relato de la Pasión. Comienza por un rito inicial antiguo, la postración del celebrante y de sus ayudantes en silencio. La primera lectura, denominada «Pasión según Isaías», es el cuarto canto del siervo de Yahvé, aplicado proféticamente a Jesús. En la segunda lectura, el siervo es el sumo sacerdote que se entrega por los demás. El evangelio es el relato de la Pasión de San Juan, donde la cruz es la suprema revelación del amor de Dios. Puede leerse la Pasión entre varios, dividida en cinco escenas: huerto de los olivos, interrogatorio religioso, interrogatorio político, crucifixión y sepultura. Se intercalan entre escena y escena momentos de oración, canto o música y reflexión. Un texto largo, como el de la Pasión, se sigue mejor con el mismo en la mano y, por supuesto, en posición sedente. A la hora de la crucifixión se pueden clavar dos tablas grandes que formen luego una cruz. Al final de la lectura evangélica, las personas que se han identificado con los personajes principales de la Pasión expresan en voz alta y de forma directa una reflexión actualizada. Se comienza diciendo, por ejemplo, «yo soy Pedro», «soy la Magdalena», etc. Sigue la oración universal, formulario romano del siglo v. Las oraciones solemnes y los improperios caben ser revisados cada año. Después es adorada la cruz (una sola, no varias) por el pueblo, precedida de su ostentación ante la asamblea: «Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo». A la adoración de la cruz le precede una monición adecuada y la lectura de la «Pasión según Isaías». El gesto de adoración se hace espontáneamente, como cada persona lo desee, mediante un beso, abrazo, inclinación, de rodillas, tocando el madero, etc. Los matrimonios pueden ir juntos a adorar la cruz, a ser posible con sus hijos. Los improperios evocan el misterio de la glorificación de Jesús, que muere herido de amor y de ternura hacia su pueblo. La celebración concluye con la comunión precedida y seguida de una oración comunitaria y personal.
Para nuestro pueblo, el Viernes Santo es un día de dolor, manifestado por dos figuras: el Nazareno y la Dolorosa. Los oficios de este día son desplazados casi totalmente por las procesiones del catolicismo popular. Han decaído las devociones de las «siete palabras» y del «via crucis», actos típicos de la noche del jueves ante el monumento.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante del año, la culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida cristiana, hasta el punto de haber sido denominada «madre de todas las vigilias». Sin embargo, todavía está lejos de significar algo importante para nuestro pueblo, que se hace presente, sobre todo, en las procesiones del viernes. Para muchos de nuestros fieles sigue siendo el Viernes Santo el día decisivo. Con todo, la resurrección de Jesús es dato básico de la confesión de fe, comunicación de nueva vida e inauguración de nuevas relaciones con Dios. Según la actual liturgia, el sábado es día de meditación y de reposo, de paz y de descanso, sin misa ni comunión, con el altar desnudo. La Vigilia Pascual más antigua que se conoce es del siglo III. Hacia el año 215, según la Tradición de Hipólito, el bautismo era celebrado, con la eucaristía, en la Vigilia Pascual. Esto se generalizó en el siglo IV. A finales de este siglo algunas Iglesias introdujeron el lucernario pascual, que finalmente se extendió a todas partes. A partir del siglo Xll se comenzó a bendecir el fuego.
Con la noche del sábado se inicia el tercer día del triduo. Según el misal, es noche de vela. Está constituida por una larga celebración de la palabra que acaba con la eucaristía. Se inicia el acto con una hoguera. En un primer momento, puede prenderse un «fuego de campamento», con cantos jubilosos, danza de niños y mayores alrededor del fuego, y quema de cosas que rechazamos: juguetes bélicos, prensa mentirosa, jeringuillas de droga, etc. e empieza la celebración con una monición para dar sentido a todo el acto, que tiene cuatro partes:
a) La liturgia de la luz
Se desarrolla de noche, fuera del templo, en torno al cirio, símbolo de Cristo, al que siguen los bautizados con sus luminarias encendidas. El lucernario, o rito del fuego y de la luz, tiene su origen en la práctica judía y cristiana primitivas de encender una lámpara a la llegada de la noche, junto con una bendición. Los fieles, con los cirios apagados en la mano, son los «exiliados». Con el fuego se enciende el cirio pascual, y con éste se encienden las velas que portan los fieles; de este modo, se entra en procesión en la iglesia, ya preparada y adornada profusamente. El cirio encendido evoca la resurrección de Cristo. Dentro del templo se proclama el pregón pascual, canto de esperanza y de triunfo; su texto debiera ser propio cada año. Dentro del Exultet caben aclamaciones festivas de la asamblea.
b) La liturgia de la palabra
En esta segunda parte se describe la historia de la salvación. Son fundamentales las lecturas del Génesis (creación), Éxodo (liberación de Egipto), Profetas (habrá una nueva liberación) y Evangelio (proclama de la resurrección). Esta parte consta de una introducción catequética y de varias lecturas que narran la historia de la salvación, hasta llegar al evangelio. Se intercalan las lecturas con cantos, oraciones o noticias breves. Proclamada la resurrección, aplaudimos, cantamos festivamente e incluso puede hacerse una danza, repartirse flores y hasta encender bengalas. Todo gravita en torno a la Pascua del Señor.
c) La liturgia del agua
La tercera parte celebra el nuevo nacimiento. Se desarrolla especialmente cuando hay bautismos, sobre todo de adultos. En el caso del bautismo de niños, los padres hacen la petición, el presidente de la comunidad responde, se convoca a los santos en las letanías, se bendice el agua, se exhorta a la profesión de fe y a los compromisos cristianos y se procede al bautismo. Las promesas bautismales se renuevan estando todos de pie, con los cirios encendidos, mediante un diálogo que concluye con la aspersión. Un gran aplauso rubrica el acto sacramental.
d) La liturgia eucarística
La eucaristía es la cumbre de la vigilia. Los recién bautizados participan activamente en la oración universal, procesión de ofrendas y comunión. Tras una monición adecuada, se procede a preparar solemnemente la mesa con flores, cirios y toda clase de ofrendas, en un «ofertorio» en el que pueden intervenir también los niños (cabe incluso una danza a la hora de llevar los dones). La anáfora también debiera ser nueva cada año. Al final de la fiesta, después de la comunión, se acaba con un encuentro festivo, en el que no debe faltar un sencillo ágape en el que participen todos los asistentes. La eucaristía pascual anuncia solemnemente la muerte del Señor y proclama su resurrección en la espera de su venida.
En la eucaristía del Domingo de Resurrección se comenta la experiencia del triduo, y varios participantes del mismo dan testimonio al reconocer que su vida cristiana se ha visto robustecida por estas celebraciones regeneradoras, al modo de unos «ejercicios espirituales» litúrgicos. El acontecimiento pascual, sacramentalmente celebrado en la eucaristía, no se reduce sólo a Cristo y a la Iglesia, sino que tiene relación con el mundo y con la historia. La Eucaristía Pascual es promesa de la Pascua del universo, una vez cumplida la totalidad de la justicia que exige el reino. Todo está llamado a compartir la Pascua del Señor, que, celebrada en comunidad, anticipa la reconciliación con Dios y la fraternidad universal. El día pascual de la resurrección, Jesús comió con los discípulos de Emaús y con los Once en el cenáculo. Son comidas transitorias entre la resurrección y la venida del Espíritu. Estas comidas expresan el perdón a los discípulos y la fe en la resurrección. Enlazan las comidas prepascuales de Jesús con la eucaristía. Denominada «fracción del pan» por Lucas y «cena del Señor» por Pablo, se celebraba al atardecer, a la hora de la comida principal. Había desde el principio un servicio eucarístico (mesa del Señor) y un servicio caritativo (mesa de los pobres). Se festejaba el «primer día de la semana», con un ritmo celosamente guardado. Surge así la celebración del día del Señor (pascua semanal), y poco después la celebración anual de la Pascua.
¡Alabado sea Jesucristo, aleluya, aleluya, aleluya!
9 mar 2011
Qué es la Cuaresma
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos para la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir mas cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A largo de este tiempo, sobre todo la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo para recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivirla como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos mas a Cristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos mas de Dios. Por ello, la Cuaresma es el tiempo de perdón y reconciliación fraterna. Cada dia durante la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y a apreciar la Cruz de Jesús, aprendiendo con esto también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
La duracion de la Cuaresma está basada en el símbolo del numero cuarenta en la Biblia. En esta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de las cuarenta noches de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto antes de comenzar su vida publica, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. En la Biblia, el numero cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La practica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia en constituirla como tiempo de penitencia y de renovación de toda la Iglesia, con la practica del ayuno y la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las Iglesias de Oriente, la practica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez mas aligerada en Occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión
¡Alabado Sea Jesucristo!


